RODANDO AL MISMO RITMO
Una etapa del Tour de Francia, un cambio de planes inesperado y una tradición que, año tras año, fortalece el vínculo entre un padre y su hija.
EL PLAN ERA PERFECTO.
Subir pedaleando hasta Les Angles, cenar allí, dormir bajo las estrellas y despertarse a la mañana siguiente para ver pasar el Tour de Francia. Una de esas pequeñas aventuras que David Rovira y su hija Mariona comparten desde hace años y que, con el tiempo, se han convertido en mucho más que una tradición. Se han convertido en una cita que ya no pueden imaginar perderse.
Porque no es David quien insiste en volver cada verano. Es Mariona quien pregunta cuándo volverán a ir a ver el Tour. Aunque compite en esquí de montaña, ha crecido rodeada de ciclismo y siente la misma pasión por este deporte que su padre.
Pocos acontecimientos deportivos te permiten estar tan cerca de los deportistas que admiras. Puedes escuchar el sonido de las ruedas, ver el esfuerzo reflejado en sus rostros y sentir la impresionante velocidad del pelotón de una forma que la televisión nunca podrá transmitir.
Pero el Tour, como la montaña o el propio ciclismo, tiene una forma muy especial de recordarte que los planes están hechos para cambiar.
Los incendios en el sur de Francia obligaron a las autoridades a restringir el acceso del público. De repente, el pueblo que debía estar lleno de aficionados al ciclismo se sentía extrañamente vacío. Apenas un puñado de personas. Casi ningún ambiente. Demasiado tranquilo para una de las grandes celebraciones del ciclismo.
Terminaron de cenar, se miraron y apenas necesitaron decir una palabra.
Aquella decisión espontánea les regaló una aventura que nunca habían previsto: una larga ruta nocturna con las bicicletas cargadas, la carretera iluminada únicamente por sus luces y la sensación de que las mejores historias suelen comenzar justo cuando los planes se vienen abajo.
Al día siguiente, por fin encontraron lo que habían ido a buscar.
Familias esperando en el arcén desde primera hora de la mañana, bicicletas por todas partes, ciclistas aficionados y ese ambiente inconfundible que solo existe antes de que llegue el Tour. Cuando el pelotón apareció por fin, todo terminó en cuestión de segundos. Los gestos de esfuerzo. La velocidad. El ruido. Y, de repente, ya había pasado.
Pero, curiosamente, ese no fue el mejor momento del fin de semana.
David tiene tres hijos y con cada uno de ellos ha construido una relación única. Con Mariona, esa relación también se vive sobre la bicicleta. Ir a ver el Tour, adaptarse a los cambios de planes, pedalear de noche o dormir bajo las estrellas son aventuras que, con los años, han ido tejiendo un vínculo que va mucho más allá del ciclismo.
Dentro de unos años, quizá Mariona no recuerde quién ganó aquella etapa del Tour de Francia. Pero es muy probable que recuerde las horas compartidas, la carretera iluminada únicamente por los frontales y la tranquilidad de saber que, pasara lo que pasara, su padre siempre estaría a su lado.
Porque, al fin y al cabo, eso es lo que nos inspira en Tactic. Creemos que el ciclismo es mucho más que un deporte: es una forma de vivir, de compartir experiencias y de crear recuerdos que perduran mucho más allá de cualquier línea de meta.